La muerte de un ser humano siempre había sido tomada con pesar y, sobre todo, con mucho respeto, por los congéneres que quedáramos en pie.
Sin embargo, tal cosa no está sucediendo en la República Bolivariana de Venezuela, donde la muerte ha sido elevada a la cúspide de la montaña que sirve de refugio a los más mezquinos sentimientos de una sociedad, como la nuestra, que gracias a la falta de regulación gubernamental, ha caído en las asquerosas manos de los dueños de medios de comunicación, particularmente, el coloso de todos los más escatológicamente perniciosos, como es Globovisión.
Este comentario ha sido motivado por la desaparición física de dos figuras altamente prominentes de la política nacional: el diputado Luis Tascón y el general Alberto Müller Rojas, quienes en vida lucharon por tratar de hacer de Venezuela un mundo mejor, en el cual imperaran la justicia social, la prosperidad de sus habitantes y la solidaridad, intento que desgraciadamente, para los que sobrevivimos, no parece ser posible mientras no exista un verdadero Estado socialista, con un líder que tenga coraje para enfrentarse a la contrarrevolución y que no utilice el discurso antiimperialista para atrapar a los incautos que creen que el presidente Chávez es un verdadero revolucionario (si lo fuera, no venderá petróleo a los yanquis y no se humillaría tan vergonzosamente como lo acaba de hacer el 10 de julio de este 2010 ante su colega Juan Manuel Santos y los colombianos que depredan a este país.
Luis Tascón Gutiérrez había nacido en Capacho, Estado Táchira, 27 de agosto de 1968. Su muerte acaeció el 12 de agosto de 2010, en Caracas. Alcanzó celebridad en virtud de la publicación de una lista, por cierto, recopilada por una organización terrorista venezolana denominada Súmate, capitaneada por una sifrina agente del Departamento de Estado yanqui.
Esa lista lo elevó a la cima, desde donde se precipitó por motivo de sus acerbas críticas a los funcionarios gubernamentales que fueron atrapados por los tentáculos de la corrupción.
En tal sentido, Luis Tascón solía afirmar: “…Traición es la corrupción. Traición es cargar una Hummer y pasársela por el frente a la gente... estamos obligados a revisarnos”.
La muerte de Tascón ha servido para que una piltrafa humana, periodista, para colmo de males, utilizara el recuerdo de este revolucionario para tratar de limpiarse la bemba sucia de odio, de mezquindad y de incitación a la muerte, que siempre han caracterizado a Carla Angola, carita de ángel, pero alma y corazón forjados con el excremento más sucio que existe en el mundo.
Sobre el recuerdo de Tascón conviene señalar que sus mismo compañeros de viaje en el llamado proceso de cambio, le voltearon las espaldas y trataron de pisotearlo, pero el pueblo sabe que Luis siempre estuvo con los excluidos.
En relación con Alberto Müller Rojas, hay que establecer que su muerte fue acelerada por los miles de trancazos que recibió de sus compañeros del PSUV y del mismo presidente Chávez, quien hipócritamente salió diciendo "Despedimos con una lágrima en el alma, que al mismo tiempo es una catarata, a un verdadero soldado”, claro, olvidó el mandatario que antes había expulsado al general de esa organización, sólo porque se atrevió a tratar de señalarle el camino correcto y no el torcido que sigue actualmente, favorable sólo a los enemigos del pueblo.
Finalmente, es necesario decir que Tascón y Müller Rojas fueron seres trnasparentes, sin hipocresías y por ese motivo, víctimas de la mezquindad humana. ¡PAZ A LOS RESTOS DE ESOS VERDADEROS REVOLUCIONARIOS!
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