domingo, 6 de diciembre de 2009

EL DÍA DEL JUICIO FINAL

EL JUICIO FINAL ESTÁ CERCA

Cada día me convenzo más de que el Juicio Final está más cerca que nunca. No hay salida satisfactoria posible frente al avance inexorable del terrorismo yanqui-israelí-colombiano, cuyo único adversario es el profundo temor de los pueblos amenazados por el imperio asesino, que a la larga perderán su esperanza por causa de la indiferencia del mundo, que hoy como ayer, ha sido y seguirá siendo insensible ante las masacres de Estados Unidos y sus aliados, quienes al parecer, nunca se cansarán de exterminar civilizaciones y asesinar mujeres, ancianos y niños a mansalva.

Uno se pone a mirar los acontecimientos y se da cuenta de que no hay nada que hacer: todos los pueblos del planeta (menos Estados Unidos, Israel y otro, insignificante), piden en la ONU el cese del inhumano y criminal bloqueo contra Cuba; los de América Latina condenan el golpe de Estado en Honduras; cinco Héroes cubanos se pudren en cárceles de EE.UU. AA. a pesar de su inocencia, mientras el terrorista Posada Carriles pasea tranquilamente por las calles de ese país; siete bases militares amenazan no sólo a los países iberoamericanos, sino a todo el mundo, gracias a un narcotraficante criminal y traidor llamado Álvaro Uribe Vélez, paracopresidente de Colombia quien cuenta con el aval yanqui para cometer toda clase de atropellos en su país y contra los vecinos.

Como se puede observar, es un panorama desolador, terrorífico, especialmente para los países subdesarrollados (pero dueños de inmensas riquezas como el petróleo y el agua) del Sur de América que no se quieran plegar a las imposiciones del imperialismo, pero que están en peligro de extinción sobre todo porque los gobiernos de aquellas naciones se dejaron invadir por los guerreros mediáticos, los periodistas arrastrados y mentirosos que venden hasta la propia madre por un plato de lentejas y a quienes no importa una nacionalidad porque carecen del más mínimo concepto de patriotismo y son unos renegados de nacimiento, instrumentos útiles para crear matrices de opinión mundial para que sus amos puedan luego invadir, estuprar, asesinar y destruir personas y civilizaciones impunemente.

Por otra parte, infunde coraje (o mejor, como dicen en mi tierra), da arrechera que los mismos pueblos, aquellos que se enfrentaron al desgraciado y criminal imperialismo español, hoy se ven con la cerviz agachada mientras aguantan toda clase de atropello, son sometidos a esclavitud, de paso, les colocan etiquetas de narcotraficantes o de terroristas y lo que es peor, a la hora de acudir a las urnas electorales se olvidan de todo esto y votan por los candidatos más comprometidos con las causas neoliberales.

Asimismo, son motivos de decepción entre la gente de pensamiento izquierdista las actitudes de los presidentes de países como la República Bolivariana de Venezuela, Ecuador y Bolivia, con discursos rimbombantes, pero con actuaciones timoratas a la hora de la verdad, como sucedió, por ejemplo, con el golpe de Estado en Honduras, el cual, por la falta de arrojo verdaderamente revolucionario de Chávez, Correa y Morales, constituyó un nocaut para el ALBA y un triunfo indiscutible para los Estados Unidos, cuyo imperio se consolida hoy como inexpugnable.

Desde mi punto de vista, considero necesario que el pueblo latinoamericano se ponga en pie de guerra contra el imperio yanqui, así como lo hizo una vez contra las asquerosos españoles que aniquilaron a la población indígena, pero que a la larga tuvieron que renunciar a estas tierras y a sus beneficios, los cuales recuperarían posteriormente gracias a la invasión de millones de indocumentados que llegaron de nuevo a la América.

Por otra parte, para derrotar al imperialismo yanqui es imprescindible primero aniquilar totalmente los factores endógenos que se han convertido en enemigos de la soberanía y la nacionalidad, por lo que es necesario declarar una guerra a muerte en todos los países donde las fuerzas progresistas tengan aunque sea una mínima cuota de poder, hay que derrotarlos e imponer medidas radicales, que indiquen a las claras la presencia de una verdadera revolución, que se haga respetar y que signifique bienestar para el pueblo.

El verdadero problema está en que desgraciadamente, los Jefes de Estado de esas naciones, como es el caso de Venezuela, no tienen guáramo para imponerse definitivamente sobre sus enemigos porque quieren ser socialistas con estructuras estatales capitalistas, neoliberales y se diluyen vanamente en tecnicismos y legalismos que a la larga van a costarles lo poco que tienen de gobierno.
Así pues, el panorama de América Latina es cada vez más gris, triste y desolador a causa de la hegemonía absoluta de los medios de comunicación, tal es el caso de la República Bolivariana de Venezuela, donde un canal de TV privado, Globovisión, ha reducido a su más mínima expresión la autoridad del presidente Hugo Chávez, a quien le ha faltado “boluntad" para cerrarlo.

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